 |
Suscríbase para recibir
las últimas novedades.
|
 |
|
 |
La Fundación |
Las depresiones son una epidemia y entonces requieren una acción enérgica y urgente. Requieren un cambio sociocultural y medidas de gobierno, además de los clásicos tratamientos en hospitales y consultorios, que deberán ponerse al día. Los tres –el cambio, las medidas, los tratamientos- se definen según haya sido definida la etiología. ¿Y cuál es la causa de las depresiones? Se observa, sin duda, un desequilibrio neuroquímico. Pero también se observan la herencia, la situación personal, la historia, los conflictos neuróticos y humanos, la enfermedad corporal y las condiciones histórico-sociales. Mientras vamos desarrollando articulaciones en esta compleja constelación, un mínimo recaudo será el de evitar los reduccionismos y precaverse de las opiniones interesadas.
Echemos un vistazo a nuestro alrededor. Psicoterapeutas que ni se informan sobre la medicación que toman sus pacientes. Psiquiatras biologicistas que descreen en la psicoterapia como complemento a los fármacos y hasta del diálogo con el paciente. Y ello para describir el escenario antiguo, de un paciente ante un profesional, con la industria fuera del consultorio.
La industria farmacéutica suele abogar excluyentemente por la farmacoterapia, como si la química fuera la llave maestra. La bioquímica puede aliviar la depresión. Pero las depresiones resultan de una alteración de la autoestima en el contexto de los vínculos y los logros actuales. Reconocer los aspectos químicos de las depresiones no implica desconocer los aspectos psíquicos ni los socioeconómicos. ¿Hay conflictos específicos de las depresiones?¿Cómo lucha el deprimido contra la depresión?. Sólo profundizando ciertos debates interdisciplinarios se podrán establecer actividades preventivas y asistenciales eficaces. Pero postular que las depresiones son solamente biológicas es científicamente falso y humanamente peligroso. Las depresiones tienen que ver también con el desempleo, la marginación, la pobreza extrema y la crisis en los valores e ideales. Tampoco en esto disponemos de estadísticas confiables. Pero en la Argentina no es aventurado vincular la depresión a los duelos masivos y traumas devastadores que hacen zozobrar vínculos, identidades y proyectos, personales y colectivos. En una cultura del éxito y de la acción individual es necesario ser el primero para no ser el último. Las depresiones componen la cara oscura de la intimidad contemporánea.
El psicoanálisis nació confrontando con las disciplinas dominantes de su época. Los cuestionamientos al psicoanálisis parten, básicamente, de las neurociencias y de las ciencias sociales. El psicoanálisis, en vez de encerrarse como un molusco, debe salirles al cruce si no quiere devenir un sistema esotérico de creencias. Debe debatir con sus ideas y no para triunfar con sus ideas sino para ganar nuevas ideas. Causalidad biológica y cultural confluyen para dar lugar a una tercera causalidad (la psíquica) que es novedosa. Las relaciones entre biología y psicoanálisis no permiten hacer ninguna inferencia directa entre lo que se sabe del cerebro y el estudio de la subjetividad. Hay fronteras, pero para todos. Para el psicoanálisis, para las neurociencias, para las ciencias sociales. Y en las fronteras está la avanzada.
La Organización Mundial de la Salud pronostica: “Se espera que los trastornos depresivos, en la actualidad responsables de la cuarta causa de muerte y discapacidad a escala mundial, ocupen el segundo lugar, después de las cardiopatías, en 2020”. Hacia esa fecha las problemáticas de la salud serán principalmente: envejecimiento de la población; propagación del HIV e incremento en la mortalidad relacionadas con el tabaco y la obesidad. Las depresiones se ubicarán, como causa de discapacidad, por delante de los accidentes de tránsito, las enfermedades vasculares cerebrales, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las infecciones de las vías respiratorias, la tuberculosis y el HIV.
Deberían hacernos meditar las estadísticas. Meditar y ponernos en acción. Esa es la razón de ser de FUNDEP, Fundación para el estudio de la Depresión (fundep@ciudad.com.ar). Queremos ser una tribuna en español sobre los perjuicios ocasionados por las depresiones. Queremos ser un centro de docencia e investigación. Pero sobre todo queremos contribuir con medidas prácticas, muchas de ellas basadas en una acción preventiva sistemática.
Como nuestro enfoque es interdisciplinario, no puede desentenderse del costo económico de las depresiones. El Journal of the American Medical Association lo estimó recientemente, para los Estados Unidos, en 48.000 millones de dólares anuales. Y el número se queda corto, porque todavía hay que agregar los gastos derivados: hospitalizaciones, consultas y pruebas diagnósticas por afecciones médicas que no han sido diagnosticadas como depresión pero que lo son. Por lo cual reciben la denominación de “depresión enmascarada”.
Los estados depresivos pueden aparecer a propósito de cualquier alteración somática. Y habrá que apelar al tacto clínico para decidir entre tres posibilidades: a) que los estados depresivos hayan provocado los síntomas somáticos; b) que sean ellos, en cambio, los resultantes de una enfermedad médica; c) que condicionen la evolución de la enfermedad médica.
Lugar común. No hay enfermedades sino enfermos. La clasificación del DSM-IV no tiene en cuenta individuos sino “síndromes”. Se desentiende del sentido que reviste un síntoma o conjunto de síntomas en el interior de una trama histórica. La clasificación del DSM-IV es ateórica y descriptiva. Ateórica porque no toma posición ante las distintas teorías etiológicas y descriptiva porque sólo hace un inventario de síntomas. Y uno de los puntos de controversia concierne a las relaciones entre las nociones de fidelidad y de validez. La fidelidad permite que dos clínicos que examinen un paciente puedan arribar a un mismo diagnóstico. El DSM se construye, a partir de su tercera versión, para mejorar la fidelidad. El DSM es una herramienta construida por los “investigadores”. Cuando se pretende que sea utilizada por los clínicos, esa herramienta se muestra limitada, porque restringe la psicopatología al reconocimiento de los síndromes. Y el psiquiatra puede confundirse entre una posición de investigador (fidelidad) y una posición de clínico (validez). El DSM es una herramienta problemática: construido para cierta investigación estadística también es utilizado por la clínica y las necesidades del investigador y del clínico son diferentes. |
 |
|